Huracán Ian, impacto con consecuencias

Oct 3, 2022

Photo by José Manuel Correa on Granma.cu

En la madrugada del pasado martes, el huracán Ian con categoría 3 en la escala Saffir-Simpson tocó tierra en la provincia de Pinar del Río a las 3.24 hora local, para atravesar el occidente cubano durante la madrugada. Su paso no fue una sorpresa, pues varios días antes, la población fue alertada y la Defensa Civil de Cuba tomó todas las medidas posibles para salvaguardar vidas y bienes materiales evacuando alrededor de 50.000 personas.

Lo que nadie pudo prever es que el huracán, apenas con categoría 1 mientras se acercaba a la mayor de las Antillas, se organizase tan rápidamente y azotara con fuerza tan descomunal a Pinar del Río y Mayabeque, con intensas lluvias y fuertes vientos. Su paso deja dos personas fallecidas por el derrumbe de una vivienda e innumerables daños en muchas otras por toda la provincia. También son importantes los daños a los cultivos de tabaco, viandas y frutales.

Un hecho sin precedentes

Aunque en la capital de todos los cubanos los vientos que se percibieron fueron de fuerza comparable a la de una tormenta tropical y las precipitaciones no fueron importantes, se comenzó a evidenciar un problema que poco a poco iría empeorando.

La fuerza del viento comenzó a dañar los árboles —que no habían sido convenientemente podados antes la temporada ciclónica— y los circuitos eléctricos comenzaron a fallar. Sobre las 13:00 horas del martes, con el 70% del área urbana en apagón, se ordenó el apagado total de la ciudad, como está estipulado en los protocolos de la Defensa Civil Nacional.

Y aquí empieza el efecto dominó: con Pinar del Río, Artemisa y La Habana en apagón total y las centrales electro energéticas funcionando, se intentó trasmitir todo ese excedente de energía en Occidente a través de la conductora Cotorro-Matanzas, para que fuese aprovechado por el resto de las provincias del país. Una a una, en rápida sucesión, las tres líneas de este enlace fallaron, con lo que el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) colapsó y todas las termoeléctricas del país dejaron de trasmitir energía. Resultado: a partir de las 18.00 horas del martes, Cuba entera quedó a oscuras.

Y la culpa, la maldita culpa… ¿quién la tiene?

Nuestro país tiene larga experiencia en el manejo de estos desastres naturales. Prueba de ello es que un ciclón de estas dimensiones solamente ha provocado dos víctimas fatales. Entonces, ¿cómo es posible que un huracán de categoría 3 pueda dejar sin fluido eléctrico un país completo?

Nadie se lo explica, y las aclaraciones que se han dado hasta el momento son aún confusas. Lo cierto es que, tras cinco días del incidente, en muchas zonas de la capital aún no se ha restablecido el fluido eléctrico. Y en varias de ellas no porque las líneas no estén en condiciones, sino por déficit de generación.

Las repercusiones han sido claras, aunque demoradas. Por mucho que las autoridades hayan apelado a la calma, los capitalinos han visto cómo, tras días de oscuridad, los alimentos adquiridos antes del fenómeno meteorológico se echan a perder. Por ello, en las noche del jueves y viernes, muchos habaneros de las zonas afectadas salieron a protestar a las calles de forma airada pero pacífica.

Aunque durante la mañana del sábado las protestas continuaban en muchos lugares donde aún la electricidad no llega, el gobierno de la ciudad afirma que el 82% de la población afectada ya tiene fluido eléctrico. De momento, no han ocurrido hechos violentos entre los protestantes y las autoridades, pero los ánimos están definitivamente caldeados. No en vano, estamos ante una urbe de más de dos millones de habitantes donde muchos de ellos permanecen sin servicio de gas o agua corriente (servicios supeditados al fluido eléctrico).

Cabría esperar una clara explicación del por qué acaecieron estos sucesos y una estrategia clara de cómo enfrentar un evento similar en un futuro.

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